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La peregrinación de Flor Pucarina

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Era imposible hilvanar las palabras de este texto sin escuchar los huainos y las mulizas de Flor Pucarina. La sensualidad de su potente y dulce voz cuajada en canciones henchi das de nostalgia y denuncia, amor y rebeldía. Es que de eso, de la obra musical, de la vida de grandes tormentos y también alegrías inmensas, pero efímeras, de Leonor Efigenia Chávez Rojas, la Faraona del Cantar Huanca, trata el último libro de Antonio Muñoz Monge, acucioso y tenaz militante de la investigación del folclore, el arte y la cultura del Perú profundo.

Esta vez, el escritor de Pampas Tayacaja saca del horno una novela: Peregrina. El título resume ese tránsito, por caminos de herradura, por tierras agrestes y selvas de cemento, de una mujer que representa al mestizaje y su enorme fuerza para aferrarse a sus orígenes, a su pasado, a su tierra, a su raíz.

FUTUROS RECUERDOS

“Es curioso, pero vivir es construir futuros recuerdos”. Esta frase de El Túnel, la obra cumbre de Ernesto Sábato, es el epígrafe que Muñoz Monge cuelga antes de empezar su relato, como quien señala el camino a Pucará, el pueblo de Huancayo que vio nacer a La Faraona.

El autor conoció a Flor Pucarina, tuvo el privilegio de escucharla en vivo, de saborear las mieles de su voz, ya en una canción, ya en una charla regada con sorbos de esas bebidas que ayudan a matar las penas. Transita por los sinuosos senderos del delirio para ofrecernos una obra que, más allá de narrar hechos arrancados en la ficción, da luces del temperamento, la sensibilidad y la pasión de la cantante.

DE ARGUEDAS Y VARGAS LLOSA

Tal vez sin proponérselo, Muñoz Monge da armonía a rasgos relevantes de la obra de dos escritores rivales, de un antagonismo histórico en las letras peruanas. De José María Arguedas, un indigenista a ultranza y defensor de la identidad andina, el autor de Peregrina se nutre de esa dedicación apasionada por conocer y difundir el tesoro inmaterial del Ande, sus costumbres, sus tradiciones, su cultura en sí. De Mario Vargas Llosa, pretendido verdugo del indigenismo y afanoso propagandista de lo occidental y lo foráneo, hace recordar esa procesión que encabezó el santón Antonio Conselheiro, el enigmático y mesiánico personaje central de La Guerra del Fin del Mundo.

Precisamente, el hilo conductor de la novela de Muñoz Monge es el peregrinaje que fue la vida de Flor Pucarina, ese andar cadencioso y elegante por serpenteantes terrenos sembrados, aquí, allá y acullá, de piedras y espinas. Celebra sus alegrías y lo conduelen sus pesares. Predica su amistad, profesa su lealtad.

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VALLE DEL MANTARO

El narrador acompaña a La Puca por todos los lugares donde ella va dejando sus huellas. La cuida, la protege, la consuela, les reza por ella a todos los santos.

Muñoz Monge nos hace recorrer con él, de la mano de Flor Pucarina, los valles bañados por el río Mantaro, apreciar las flores de Tarma, las cosechas de papa, la danza de los Shapish de Chupaca, la Huaconada de Mito o la Tunantada de Jauja. Nos alcanza vasos de chicha de jora, mientras escuchamos un huayno de La Puca, una muliza de Picaflor de los Andes o el arpa del maestro Zenobio Dagha.

O nos invita a acampar a la vera de los caminos de Cocachacra, Apata, Sapallanga y muchos otros pueblos de Junín y sus alrededores. O acompañar la procesión de la Virgen de Cocharcas, el Señor de Cachuy o ir más lejos, confundidos en multitud a la Cruz de Chalpón en Motupe o participar en la fiesta cusqueña de Qoyllur Riti, en el mes de la Mama Pacha. El autor de Peregrina nos hace recorrer el Perú.

DEVOCIÓN HUANCA

“He tenido la suerte no solo de conocerla, sino también de entenderla”, le dice Antonio Muñoz Monge a PERFIL. Agrega que es tanta la devoción por Flor Pucarina, que en Huancayo ya no tiran las bolsas de basura a la calle, sino que esperan a que pase el camión recolector con las canciones de La Faraona sonando en los altoparlantes. Con el agudo pincel de Bruno Portuguez en la carátula y el enjundioso análisis de Raúl Vargas en el prólogo, Peregrina fue presentada en el Club Departamental Huancavelica por Maynor Freyre. Se recomienda leerla mientras suena “Ayrampito”, “Déjame nomás” o “Tú nomás tienes la culpa” con volumen al gusto.

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