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Waskar Amaru, el pionero de la música latinoamericana en París

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Cuando la música lleva en sus notas el compromiso con el pueblo, alcanza una intensidad telúrica y sus réplicas son infinitas.

Esa es la magnitud que logró Waskar Amaru, un puneño que, como lo hicieron alguna vez Vallejo y Humareda, recaló en París en 1968 para pensar y observar el mundo desde la llamada Ciudad Luz. Se había formado como arquitecto en Argentina y buscaba especializarse en urbanismo, pero lo ganó la vena artística y lo que acabó construyendo fueron los cimientos de la música latinoamericana en el Viejo Continente.

Wilfredo Melo es considerado precursor de la música de los incas en Francia, donde por esos años aún no sonaban Quilapayún ni Inti-Illimani. Por su identificación con el arte popular y los géneros musicales que abarcó, habría querido realizar un trabajo como el que estaba desarrollando Víctor Jara hasta que los esbirros de Pinochet acallaron su voz. Como ocurrió con el chileno, su temprana muerte truncó sus sueños.

“SERPIENTE GIGANTE”

Waskar Amaru descubrió que lo suyo era diseñar sonidos, crear música. Dado su aprecio por Túpac Amaru II, decidió adoptar el nombre artístico, que en quechua significa “serpiente gigante”.

En realidad, el quechua no era su idioma materno, como se ha difundido. Decidió aprenderlo en París para interpretar sus canciones en la lengua de los incas. Ese aporte, sumado a la creatividad y honestidad de Waskar para interpretar varios géneros vernáculos con las características originales de sus lugares de procedencia, causó gran impacto en la colectividad cultural parisina.

Las letras y sus melodays, como Poncho al Viento (canción) y Chuklla y Tusuy (instrumentales), llevan impregnado el arraigo de la añoranza. Ese sentimiento de orgullo por la tierra, su pueblo, sus costumbres y sus tradiciones, que late igual por más larga que sea la distancia. También por eso utilizó instrumentos autóctonos como la quena, el quenacho, el sicu, la zampoña y la ocarina.

EL MITO

Se ha tejido un mito sobre su historia, su pasión por la música, su vida en París y su prematura desaparición, a los 40 años de edad. En internet circulan algunos documentales, entrevistas y reseñas, pero con muchas imprecisiones y datos incorrectos.

PERFIL encontró a la familia de Waskar Amaru. Nancy Zúñiga, su media hermana, es la voz más autorizada para hablar del legendario músico hasta su partida a Paris. “Desde niño tenía gusto por la música, por las comparsas, en las que participaba bailando”, recuerda ella.

Su nombre completo es Julio Wilfred Melo Bautista y nació el 23 de junio de 1945. Su llegada estuvo programada en Ayaviri, pero por una complicación en el parto, su madre tuvo que ser trasladada hasta Juliaca, donde una enfermera
de la clínica Americana sugirió el nombre de Wilfred, no Wilfredo, como lo llamaban.

Su niñez transcurrió en Ayaviri, en la calle Pacheco Cegarra. Estudió en colegios de Puno y Arequipa, ciudad esta última donde entró en conexión con la música y conformó un grupo de rock y nueva ola, que llegó a presentarse en el programa televisivo “El clan del 6”.

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FESITVAL DE COSQUÍN

En 1964 se instaló en Córdoba, Argentina, donde cinco años más tarde se graduó de arquitecto. En forma simultánea, se dedicó a la investigación de las costumbres, el arte y el folclore sudamericano. Luego volvió al Perú con el grupo folclórico uruguayo-argentino Los Charrúas, que había ganado el primer premio en el famoso Festival de Cosquín.

En setiembre de 1969 llega a París, donde estudia la especialización de urbanismo, pero sin dejar de lado la investigación e interpretación de la música autóctona, la que luego, dado su gran éxito, cultiva con mayor pasión.

Era solicitado los principales locales de la ciudad y llegó a dar dos recitales en el famoso Olympia de París.

DISCOGRAFÍA

En 1974 grabó la serie “Las canciones del imperio inca”, que contenía los discos “Kontisuyu”, “Qollasuyu”, “Antisuyu” y “Chinchaysuyu”, además de “Los unos para los otros”. Luego vinieron “Amor por los Andes – Cantos del pueblo” (1976), “Los indios de América” (1976), “Epopeya de Túpac Amaru” (1977), “El Perú en el Olympia – Recitales” en vivo (1982), “Perú: de lo tradicional a hoy” (1983) y “Canciones del Imperio Inca” (1986) en dos volúmenes.

En París frecuentó con intelectuales peruanos de esa época, como el cronista y peta José Luis Ayala, el escritor Carlos Calderón Fajardo y Edgar Salazar Cano, entonces docente de la Sorbona y quien fue muy amigo suyo.

Se casó con la lingüista y socióloga Catherine Saintoul, con quien tuvo dos hijos. Ella escribió varios libros, entre ellos “Racismo, Etnocentrismo y Literatura: La Novela Indigenista Andina”, donde mostraba su admiración por la cultura inca.

“Nos enviaba postales y fotos en los que aparecía con su esposa y sus hijos. También con Inca, un dálmata que lo acompañaba por las calles parisinas”, afirma su sobrina Mayra Enríquez. En una de sus visitas a Lima fue entrevistado por el recordado Ernesto García Calderón en uno de los especiales de Panamericana Televisión.

El destino hizo que estuviera solo al momento de su partida, en 1985.

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