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Fránquenstein: Jugando a ser Dios
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Fránquenstein: Jugando a ser Dios

Se dice que el ser humano es la máxima criatura, la mejor creación que existe sobre la tierra, pero para el doctor Víctor Fránquenstein eso no bastaba, con todo el conocimiento científico acumulado que tenía quiso emular al ente creador (Dios), y lo que creó fue un ser hecho de retazos, de residuos, de basura que solo emulaban a las peores características que tiene el ser humano. Se convirtió así no en un Dios, sino en Lucifer, el ángel caído que quiso ser más que su creador o el Prometeo que desafió a los dioses.

Fernando Luque es un poco como ellos (en el terreno teatral), al mostrarnos una versión muy suya de esta historia, (muy posesionada por el cine y la televisión en el imaginario colectivo); arriesgada pero auténtica es su propuesta nos lleva a plantearnos hasta dónde es capaz de llegar el ser humano en su búsqueda de la perfección y de poseerlo todo. El también actor nos indica sobre su obra: “Es una propuesta que trata de plasmar toda una reflexión filosófica que tiene el monstruo de sí mismo, de su existencia”. Luque nos cuenta que fue antes de su proceso de estudio para la producción de la obra que realiza un viaje a Paris, donde visita muchos museos y lugares que mezclan lo artístico con lo propio de un país, con esa idea en la cabeza regresó y empezó a preparar su obra y se dijo por qué no incluir elementos peruanos en ella porque conforme más investigaba sobre la obra encontraba una serie de analogías como la dinámica de poder entre el doctor Fránquenstein y la criatura, con la dinámica de poder que se da en la sociedad peruana entre autoridades y ciudadanos.

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El reparto está conformado por los talentosos: Alaín Salinas (el monstruo), Óscar Yépez (Víctor Fránquenstein viejo); Santiago Suárez (Víctor Fránquenstein joven); Quini Gómez (Isabel) y el propio Fernando Luque (Dr. Krempe). Los actores se rigen a las indicaciones de su director que buscó en ellos un estilo de actuación muy teatralizado o dramatizado (que tuvo su auge muchos años atrás y que puede ser malinterpretado como sobreactuación por exponentes realistas de la actualidad). Destacamos a Óscar Yépez, quien logra humanizar a un Víctor Fránquenstein cansado de vivir y que usa sus últimas energías en confrontar a su propia creación, confrontándose a sí mismo (gran trabajo); y de Alaín Salinas que con cada actuación se transforma y nos convence de lo bueno que es.

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La puesta es un buen trabajo de producción encabezado por Luque: la escenografía (que puede representar un mundo alterno) , el vestuario (correcto, y especial en la bestia tal vez con la intención de mostrarnos lo desarticulada que es la nación peruana), el maquillaje (estrambótico y teatral a propósito), la iluminación (personalmente me gustó mucho, daba el aspecto cinematográfico y de novela oscura que hay en nuestro imaginario literario) y el sonido (preciso, pero con el uso acertado y no del vals Regresa); que juegan a favor de la historia desde el punto de concepción del planteamiento del director y que puede gustar o no. Pero en eso consiste la libertad de opinar y el teatro es una de las mejores plataformas para plantear nuestros pensamientos y emociones. No juzgue sin antes haberla visto: “Frankenstein: Jugando con fuego” va en el Centro Cultural ICPNA de Miraflores (Av. Angamos Oeste 120) en funciones de jueves a lunes a las 8:00 p.m., hasta el 07 de octubre.

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