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El 26 de enero y el 2021

Antes de que el país sea la explosión trágica en Villa El Salvador hay que ponernos de pie para ayudar. Más

El país es un barco en la escena mundial que aún es un problema, pero también una posibilidad.
El país es un barco en la escena mundial que aún es un problema, pero también una posibilidad.

El proceso de disolución del Congreso infestado por fujiapristas concluye este 26 de enero cuando decidamos en las ánforas que Rosa Bartra, Mauricio Mulder, Juan Sheput y los otros sinvergüenzas se vayan a sus casas y no sigan dando vergüenza.

Bartra, Mulder, Sheput y los otros se creen los vivos del barrio y se ubican en el número uno para que salgan con los votos de sus cómplices, digo, sus compañeros de partido.

No sé aún por quiénes votaré, pero sí estoy totalmente seguro de que no le daré mi voto a ninguno de los aspirantes de Solidaridad Nacional, del Apra ni del fujimorismo. Evitar que no salga elegido ninguno de ellos ya sería una victoria ciudadana, pero los electores, curiosamente, a la hora de la votación, recuperan el olvido.

Es verdad: el fujimorismo puede volver a controlar el Parlamento con agrupaciones-satélites que ha formado y con la ayuda de César Acuña y el sector de Acción Popular.  ¿Alguien sabe quién es Mónica Saavedra Ocharán, la número uno de Acción Popular por Lima? Debe tener corazón naranja, con toda seguridad.

El 26 de enero será previa de lo que pasará en el 2021 y el panorama para el país, tal como van las cosas, está verde. No hay nadie quien pueda concretar los cambios que la gente de a pie exige. Desierto. 

En la izquierda hay un voluntarismo cotidiano y mucha desunión y reyerta, y eso se notará este domingo por la tarde. Ningún líder o lideresa actual tiene ahora posibilidades de hacer gran cosa. Todos se alucinan los iluminados. Ni siquiera el espejo los hace pisar tierra. Vamos en movimiento para ver que sale, dicen algunos. Juntos podemos solos, dicen otros. La amplitud de un frente es una sola mirada. Creen que han nacido para gobernar. Juran que son los tocados por Dios. Incluso hay quienes sueñan con Indira Huilca como candidata. Vaya. Solos y peleados son fuegos de velas que se apagan con un ligero soplido. 

En el centro manda el oportunismo. Los amigos de Alberto de Belaunde creen que con un poco de marketing y saludos para la izquierda y ayuda para la derecha pueden ser los elegidos. El oportunismo de Alberto se notó de lejos cuando trató de manera risible defender a Julio. Alberto solo quiere su curul. Aunque la realidad les diga otro cosa,  creen que ellos son los salvadores y señalan a los otros como los extremos. En el Perú, el centro es el espacio de los oportunistas que siempre piden una nueva oportunidad. Ya veremos De Belaunde y al quemado morado pidiendo que los perdonen.

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En la derecha manda la plata. Así de simple. En este país, la derecha es mercantilismo puro. En elecciones se disfrazan de liberales, pero en realidad quieren libertad para hacer de las suyas. La derecha peruana es la más dinosauria de esta parte del continente. Ni siquiera saben gastar el dinero. Viven engordando como cerdos y pensando siempre en frivolidades. Mario Bryce no es un derechista. Es solo un aspirante.

Hay mucho dinero en el país, tal como lo explica Pedro Francke, pero nuestra economía es una combi estancada, por la inacción y por el miedo. Vizcarra no avanza con la fuerza necesaria porque no quiere, porque tiembla. Obedece mucho a los que tienen la sartén por el mango. El Congreso que viene le mostrará los dientes de nuevo.

Mientras tanto la educación secundaria aún no llega a todos los rincones del país, los hospitales nacionales están enfermas, la falta de trabajo cunde en todos los niveles, la inseguridad crece, la corrupción se alista todos los days, el narcotráfico se ríe de todos, la corrupción se frota las manos.

Hay de todo. Marasmo, conformismo, pesimismo inútil. Sin embargo, también hay una juventud inquieta, llena de ganas modificar las cosas. César Hildebrandt dijo, en una entrevista que le hice en la última Feria de Libro de Lima, que confía en esa juventud que quiere cambios y en que surgirá un líder en este país.

“Lo qué sí sé, por convicción, por intuición, es que el líder que salga tendrá que ser joven, verde, (no quiero decir marciano), ecológico, mundial, ecuménico en sus intereses, abierto, creativo y absolutamente convencido de que, si no limpiamos esto, nos hundimos, vamos a ser un país fallido, un Estado no viable…”. 

El país es un barco en la escena mundial que aún es un problema, pero también una posibilidad. Es un barco que necesita de todos, de alguien, que puede conducir sus destino en el inmenso mar con bazofias oceánicas como el narcotráfico, la corrupción, minería ilegal, extracción delictiva de madera, trata de personas, lavado de activos, invasión y apropiación de territorios y más. Antes de que el país sea la explosión trágica en Villa El Salvador hay que ponernos de pie para ayudar.

Paco Moreno

Paco Moreno

Editor general de Perfil