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La edad de la mentira
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La edad de la mentira

Nunca borraré de mi memoria aquel momento de la política internacional donde el ridículo llegó a extremos no imaginados, ni mucho menos deseados. Ocurrió en el recinto de las Naciones Unidas.

Ni siquiera Nikita Krushev, golpeando el podio que tenía ante sí con su zapato durante su discurso dirigido a la reunión anual de la Asamblea General, fue tan deshonrosamente ridículo, ni se acercó tanto al absurdo, como aquel instante sublime en el que el Secretario de Estado de los Estados Unidos, general Colin Powell sacudió, frente al Consejo de Seguridad de la ONU, un insignificante frasquito, propio de los extractos de perfume, afirmando, sin ponerse colorado, que dicho frasquito, de inocente apariencia, contenía ántrax suficiente para eliminar toda la población de la ciudad de Nueva York.

No se sabe cómo los servicios secretos americanos habían quitado de las manos de Saddam Husein, su antiguo y leal socio, esa frasquito asesino.

Muchos que podían dudar de la fortaleza digital de Colin Powell se habrán llevado el susto de su vida viendo como el general elevaba al cielo esa arma de destrucción masiva. Arma que era parte del gran arsenal del que disponía Saddam para terminar con sus enemigos y que desgraciadamente nunca se encontró.

Felizmente el audaz general, mostrando su alto grado de adiestramiento, logró devolver sano y salvo el envase a su bolsillo protector. La humanidad podía descansar tranquila, el ántrax dormía en el bolsillo de un patriota consumado y también consumido, como se dijo después, por el papelón representado.

En esa misma línea, pero un poco menos teatral, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel afirmó, no hace mucho, que los servicios secretos de su país habían logrado robar «archivos nucleares» de Irán y que los mismos le eran la prueba de que Teherán había continuado sus investigaciones nucleares en violación de sus compromisos internacionales.

Y así como el antrax de Colin Powell, ya reconciliado con su esposa a la que le había sustraído el extracto de perfume, resultó un fiasco, las verificaciones posteriores demostraron que la demostración de Bibi (así le dicen a Netanyahu era solo un estudio de factibilidad. La presentación del político israelí fue hecha con dibujos que explicaban todo como ocurriendo dentro del diseño de una bomba.

Pregunta: ¿Qué edad mental tienen estos estadistas y que edad mental tiene la humanidad para digerir banalidades tan frágiles?

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