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La lógica de los intereses ocultos
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La lógica de los intereses ocultos

Hay una lógica que nos falta, para interpretar mejor el mundo actual y para prever daños mayores. Esa lógica en el argot político internacional se llama: “la lógica de los intereses ocultos”.

¿Cuántos son y cuánto pesan? ¿Cuánto influyen en decisiones que pueden afectar a sectores indefensos? Imposible decirlo, pero existen y están íntimamente ligados al poder y por tanto tienen una perspectiva bastante difusa sobre el alcance de su propia impunidad.

Asimismo, existen contradicciones, que suelen basarse en luchas por el poder y que pueden crear fricciones al interior de cada país.

Por ejemplo, los Estados Unidos se ha convertido en un exportador de hidrocarburos y por tanto conviene a sus intereses que los precios de los mismos sean lo más elevados posible.

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Simultáneamente los Estados Unidos oficiales cuestionan a la OPEP y se inclinan por precios más bajos. No hay que profundizar demasiado para colegir que, con los precios de los hidrocarburos por encima de los 100 dólares, Venezuela podría recuperarse y frustrar las posibles suertes que desde la superpotencia le desean.

Otra contradicción se refiere a las migraciones de latinoamericanos hacia los Estados Unidos y también a las migraciones al interior de Sudamérica. Para Washington, ese problema se origina en las reglas impuestas por los tratados de la globalización, principalmente por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y al respecto ya ha negociado con México “un nuevo acuerdo que vincula las exportaciones al respeto de los derechos sociales de los trabajadores mexicanos.”

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Todo es complejo y nada es permanente, por tanto, las complejidades evolucionan y las respuestas suelen ser inútiles cuando llegan. Además, la prensa se encarga de cultivar el arte de la confusión en defensa de intereses que también varían en cuanto al papel o al espacio en el que juegan sus protagonistas.

Detrás de ese escenario se oculta, sin mucho pudor, una lucha por el poder que parece haberse ganado las preferencias humanas cuando de sentirse satisfechos se trata. Poder que, además, es una ficción que confunde a quien transitoriamente lo posee y lo convierte en un menesteroso moral incapaz de ver más allá de ese transitorio momento de sentirse el centro del universo.

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