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¿Mal menor o bien mínimo?
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¿Mal menor o bien mínimo?

Una vez más, ganó el mal menor. O el bien mínimo. La dividida izquierda quedó sepultada en el silencio de las urnas, esperemos que por el momento. Gana las elecciones municipales de Lima un candidato con experiencia de gobierno distrital en un área de altos ingresos, sin precedentes de conflicto con alguien, sin cuestionamientos conocidos.

En las condiciones reales actuales, no se puede pedir más.

Pero no hay que olvidar las circunstancias de esta elección.

¿Algo dijeron los candidatos acerca de lo que hay que hacer para desinfectar Lima? ¿Sobre la contaminación del aire y aguas sugirieron algo? ¿Discutieron propuestas sobre qué hacer si hubiese por desgracia un sismo de intensidad mayor a cinco en una ciudad atravesada por cables de todo tipo, atosigada por inmensos carteles publicitarios que caerían sobre calles y autopistas y miles de vehículos atracados en caos monumental? ¿Se habló algo de la ridiculez de una ciudad dividida en alcaldías diminutas y dos regiones sin una Municipalidad que integre y organice a sus habitantes? ¿Algo se dijo sobre los verdaderos orígenes sociales y económicos de los robos y asaltos a transeúntes, tiendas y domicilios?

Es claro que no. Las millonarias inversiones en publicidad siguieron manteniéndose en el secreto, los candidatos de antecedentes penales conocidos compitieron sin problemas, reeleccionistas que usan estratagemas diversas evadieron la ley, los aspirantes al latrocinio de los fondos públicos disfrutaron de plena libertad a pesar del repudio general.

Una polémica reducida a un minuto por aspirante fue presentada como el show televisivo principal.

Fue la campaña electoral más aburrida e impopular de la historia. Una señal más de la crisis terminal del sistema.

La llamada “democracia” siguió siendo obligatoria, amenazando con multas a quienes se niegan al acompañamiento de la farsa.

Aun así, los dioses parecen estar acompañando al Perú. Gran parte del electorado decidió con madurez. Pero no olvidemos que eso no es suficiente. Si algo en serio se quiere hacer por Lima, más allá de afeites y maquillajes, demandará una dura lucha diaria contra las mafias de todo tipo en el transporte, las ventas callejeras, la mendicidad, la ocupación del territorio urbano, las licencias etc., etc. Esto recién podría estar empezando.

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