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Un enemigo invisible: La anemia ataca por todos los frentes
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Un enemigo invisible: La anemia ataca por todos los frentes

Gisella está cansada. Ocho horas de trabajo más dos horas en el micro la dejan agotada. De noche, en casa la esperan sus dos hijos y ella, para consentirlos, les lleva una porción de papas crujientes, hot dog rojizo y todas las cremas. El ritual se repite a diario con hamburguesas de harina, sopas instantáneas y alitas “broster”.

Los niños no crecen como sus amiguitos. Son cachetoncitos, sí, pero tienen el cabello con puntas claras. En el colegio, la maestra los ve cansados y casi siempre somnolientos; sufren retraso cognitivo y, la más de veces, no entienden lo que leen, no logran seguir indicaciones y tienen dificultad para desarrollar sus habilidades motoras.

Desde hace algunos años, el Perú es considerado un país de ingresos medioaltos y, por ello mismo, es contradictorio que los hijos de Gisella sean víctimas de la anemia, ese enemigo invisible que ataca prácticamente a la mitad de los niños peruanos entre 6 y 36 meses de edad. La anemia deja secuelas en el crecimiento y el desarrollo intelectual y físico de quienes la padecen.

En un esfuerzo especial, el Estado ejecuta en la actualidad el Plan Multisectorial de Lucha contra la Anemia Infantil y su reto es bajar la tasa de anemia –en niños de 6 a 35 meses– de 43% a 19% al año 2021. Pero la lucha contra la anemia infantil requiere, además del compromiso político, un liderazgo supranacional, coordinación, cooperación y, sobre todo, educación y participación ciudadana.

El enemigo no hace distinciones de clase: no se trata de nivel de ingresos, sino de acceso a información, alimentación saludable y de aprender a escapar de lo que nos ofrece el mercado como “opciones rápidas y fáciles” de comida, pero que sólo llenan el estómago. Está demostrado: no nutren.

Todos los sectores deben estar involucrados y, como ciudadanos responsables, tenemos que exigir un adecuado Control de Crecimiento y Desarrollo (CRED) en los establecimientos de salud, comprometer a la sociedad civil organizada, para que se haga un seguimiento de los programas sociales con el fin de garantizar su eficiencia y transparencia. Y, en paralelo, que no sean copados por la corrupción, ese cáncer agresivo que ataca al país.

A mediano y largo plazos, las repercusiones de la anemia son graves. Por ello, hay que unirnos con las autoridades, por nuestros hijos, para protegerlos de manera integral, para garantizar el futuro sano de las próximas generaciones.

Hoy tendremos elecciones regionales y municipales. Aún estamos a tiempo para indagar qué candidatos han considerado la lucha contra la anemia en sus planes de gobierno. Así también hacemos ciudadanía.

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